01 enero 2013

Breve historia del papel higiénico


El grado de progreso de una civilización se puede medir por muy diversos parámetros, y uno de ellos es sin duda su relación con esa función fisiológica tan inevitable como grosera.
El papel de periódico destiñe, y no es suficientemente poroso; la prensa del corazón, es demasiado satinada para ese propósito; la celulosa es pues el interfaz que nos distingue de los grandes simios.
Tradicionalmente se ha utilizado hierba, conchas, o restos de mazorcas de maíz (estas últimas muy extendidas incluso hoy en el medio oeste americano). En algunas zonas de oriente próximo limpiarse con la mano izquierda se sigue considerando adecuado, lo que dificulta enormemente el atractivo turístico de ciudades santas como La Meca o Medina.
Eso me recuerda un accidente doméstico que este cronista padeció, y que desembocó en tener el brazo derecho escayolado durante un tiempo. Recién intervenido, y antes de volver a casa entré en un bar a tomarme un vermut, y un parroquiano octogenario y desdentado a quien no había visto en mi vida me señaló riéndose con su boca llena de orificios
¡Ja, ja, ja! ¡Ya verás para limpiarte el culo!

El mamarracho tenía razón, era condenadamente difícil (el lector curioso puede hacer el experimento). Gracias a aquel paréntesis zurdo de mi vida aprendí, no solo a utilizar la izquierda para ese menester, sino también para usar el ratón del Mac con gran pericia.
Los romanos utilizaban unas esponjas pinchadas en un palo, que humedecían después en agua salada. No está mal para el siglo I antes de Cristo. Sin embargo, se atribuye a los chinos (¡cómo no!) la invención del primer papel manufacturado específicamente para ese propósito, ya bien avanzado en el siglo XIV.
En aras de la conservación del medio ambiente en Japón, Taiwán y Corea es frecuente encontrar inodoros automatizados, con un chorro perineal regulable que hace casi innecesario el concurso de la celulosa para limpiar nuestro orificio menos visible.
Precisamente en Singapur, y bajo el inteligente lema “Save paper. Save trees”, este vídeo nos enseña el modo de cuidar el planeta y permanecer más o menos decentes gracias al un diminuto pedazo de papel.
Aquel viejo proverbio acuñado para bajar los humos a los periodistas: “Tu gran artículo de hoy servirá para envolver el pescado de mañana”, tiene algunas versiones más escatológicas, como es natural. El advenimiento del iPad ha alterado esta amenaza, pues no es fácil usar una tableta (sea o no Android, no entremos en discusiones bizantinas) para resolver nuestra higiene cotidiana.

Varias fuentes atribuyen a Albany Perforated Wrapping Paper Company la invención del rollo de papel tal y como lo conocemos hoy día, como se aprecia en la ilustración. Fue en 1880, nueve años antes de que Edison inventara la bombilla eléctrica. No debía de ser fácil asearse el innombrable a la luz de un candil en pleno invierno, por lo que estos héroes del pasado merecen nuestra admiración. En 1942 los escoceses introdujeron la espectacular novedad de la “doble hoja”, de la mano de la empresa St. Andrew’s Paper Mill.
Como papel higiénico alternativo y muy popular en época de comicios podemos señalar aquí la porosidad y el confort gratuito que ofrecen las papeletas electorales. El voto nulo por excelencia es aquel cuyo olor contamina toda la urna (cualquiera que haya presidido alguna vez una mesa electoral sabrá de lo que hablo).
Por una vez, y sin que sirva de precedente, se puede afirmar que en estos casos, la democracia apesta.

Foto portada: Brandon Blinkenberg bajo licencia CC.
Tomado de: http://www.yorokobu.es/breve-historia-del-papel-higienico/

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